Hueso lateral y delgado de la pierna

Los huesos que se articulan con los extremos distales de la tibia y el peroné se llaman

La rodilla está formada por cuatro huesos. El fémur o hueso del muslo es el hueso que conecta la cadera con la rodilla. La tibia o espinilla conecta la rodilla con el tobillo. La rótula es el hueso pequeño que se encuentra delante de la rodilla y que se apoya en la articulación de la rodilla cuando ésta se dobla. El peroné es un hueso más corto y delgado que corre paralelo a la tibia en su parte exterior. La articulación actúa como una bisagra pero con cierta rotación.

La rodilla es una articulación sinovial, lo que significa que está revestida de sinovia. La sinovia produce un líquido que lubrica y nutre el interior de la articulación. El cartílago articular es la superficie lisa del extremo del fémur y la tibia. El daño a esta superficie es lo que causa la artritis.

La tibia (espinilla), el segundo hueso más grande del cuerpo, es el hueso que soporta el peso de la pierna. Los meniscos cubren de forma incompleta la superficie superior de la tibia donde se articula con el fémur. Los meniscos actúan como amortiguadores, protegiendo la superficie articular de la tibia y ayudando a la rotación de la rodilla.

Huesos del tarso

IntroducciónUn sólido conocimiento de la anatomía es esencial para diagnosticar y tratar eficazmente a los pacientes con problemas de pie y tobillo. La anatomía es una hoja de ruta. La mayoría de las estructuras del pie son bastante superficiales y pueden palparse fácilmente. Las estructuras anatómicas (tendones, huesos, articulaciones, etc.) tienden a doler exactamente donde se lesionan o inflaman. Por lo tanto, un conocimiento básico de la anatomía superficial permite al clínico establecer rápidamente el diagnóstico o, al menos, reducir el diagnóstico diferencial. En el caso de las afecciones que requieren cirugía, es fundamental conocer en detalle la anatomía para garantizar que la intervención se realice de forma eficaz y sin dañar ninguna estructura importante. Con un buen conocimiento de la anatomía del pie, se hace evidente qué enfoques quirúrgicos pueden utilizarse para acceder a las distintas zonas del pie y el tobillo.Hay una variedad de estructuras anatómicas que conforman la anatomía del pie y el tobillo (Figura 1), incluidos los huesos, las articulaciones, los ligamentos, los músculos, los tendones y los nervios. Estas estructuras se revisarán en las secciones de este capítulo.

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Huesos de la pierna

La pierna, o simplemente «pierna» en términos anatómicos, es la parte de la extremidad inferior situada entre la rodilla y la articulación del tobillo. La estructura ósea está compuesta por los huesos tibia y peroné, que se articulan entre sí en las articulaciones tibiofibulares proximal y distal. Los músculos de la pierna se agrupan en los compartimentos anterior, lateral y posterior mediante extensiones de fascia y ejercen su acción sobre el tobillo, el pie y los dedos.

Una continuación de la arteria poplítea suministra sangre a la parte inferior de la pierna. Esta arteria se bifurca en el margen inferior del hueco poplíteo y envía ramas al compartimento anterior, a la arteria tibial anterior y a los compartimentos posterior y lateral, formando el tronco tibioperoneo.

Huesos del tobillo

Descripción: Pie adulto. El pie humano está compuesto por 26 huesos, agrupados en tres segmentos: tarsos, metatarsos y falanges. En el calcáneo, comúnmente llamado hueso del talón, es donde se une el tendón de Aquiles, el más grueso del cuerpo humano.

Descripción: La tibia es el mayor y más fuerte de los dos huesos que se encuentran debajo de la rodilla.    Es el principal hueso que soporta el peso de la extremidad inferior y proporciona la fijación de los músculos que mueven el pie. Se articula con el fémur para formar la rodilla (proximalmente) y con el astrágalo para formar el tobillo (distalmente).    En su extremo proximal, destaca la meseta tibial, con la eminencia intercondilar saliente, que separa las dos superficies articulares.    Sobre ellas se asientan los meniscos, que son discos fibrocartilaginosos en forma de media luna que amortiguan la articulación de la rodilla.

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En el extremo distal, el maléolo medial se proyecta hacia abajo. La palabra maleolo proviene del latín y significa «pequeño martillo».    El maléolo termina en un fino surco, que es el punto de unión de la cápsula de la articulación del tobillo.